2 de mayo de 2013

Tormenta


La primera vez que la escuché fue a fines del 2011. El paro nos tenía empezando el semestre en pleno diciembre y recuerdo que el ‘Rebeldes’ fue como la banda sonora de esos dos meses (de mierda).

Un año y medio, más o menos, lleva sonando en mi reproductor y sirve casi como una línea de tiempo. Track 6, “esto es el fin”, supe desde ese instante que esa idea que daba vueltas en mi cabeza no era solo un mal presentimiento. Me acuerdo que la publiqué, cité esa frase, lo que no me acuerdo es de la fecha exacta, pero desde ese día supe que todo se iría a la chucha. “Te voy a echar de menos desde lejos”, mentira, iba a tener que sufrir, en silencio, mirando desde la silla de al lado, o de al frente en los mejores casos. “Todas las historias que conté por ti”, tenía rabia, sentía que la balanza no pesaba más hacia mi lado, que me había quedado sin nada por querer mucho. Por quererlo mucho.

Dos meses después estaba más flaca, más triste, con un aro más y seguía igual de blanca en pleno verano. Tormenta sirvió como vaticinio. Yo lo sabía, siempre lo supe y todos me decían que no, que era idea mía.
Para el Lollapalooza del año pasado me la encontré en vivo y pese a que la regla general era que había que estar feliz porque sí, el llanto fue casi explosivo cuando empezó a sonar. Lloraba porque sabía que, a pesar que estaba con él, no era mío. Me seguía sintiendo como cuando escuché ese disco la primera vez, . 

Hubo un tiempo en que Tormenta podía aparecer en el aleatorio y yo seguía como si nada, hace harto tiempo eso sí. Sigo escuchándola. A veces me da pena, a veces no.


P.D.: El tema debe haber sonado unas siete veces mientras escribía esto.

10 de abril de 2011

Como no podía dormir, escribí

En todas las historias familiares hay un algún conflicto con uno de los padres. Diría que en mi historia el antagonista varía según la época, el año, el humor y las ganas que tenga de hablar de tal o cual persona. Esta vez, prefiero hablar de mi mamá, de ella y con ella. Si la definiera con una palabra sería: cuadrada, algo un poco inconsecuente con su pasado pseudo – hippie y su actitud de eterna joven a sus 57 años. Aún así, es cuadrada, maniática del orden y extremadamente ordenada con sus finanzas, es más, si su vida tuviera sol, ese sería el dinero y no por ser codiciosa, sino por esa sensación de creer que siempre se va y que hay que saber utilizarlo sabiamente. Asumo que esto se debe a que a los 21 años tuvo que cuidar sola a un hijo, porque su padre había huido siguiendo a un gurú a Venezuela. Tuvo que madurar, aunque mejor encaja la palabra avejentarse, ser de treinta a los veinte. Mientras sus amigos de ese colegio gringo y caro que salió se iban de viaje por el mundo, ella cuidaba a mi hermano Andrés, un cabro chico loco e hiperquinético que con solo tres años ya se había arrancado de la casa y llamar a los pacos había sido necesario.

                Así, se forjó una actitud implacable ante las críticas por ser mamá soltera, ante esos agentes de la CNI que aparecieron en su casa buscando al amigo que tenía escondido, ante los miles de ladrones que tantas veces rondaron el patio gigante de la casa en Temuco. Era la imagen de la rudeza, que ella misma intensificaba con esa aptitud para contar cuentos que tantos años lleva practicando en su trabajo como Educadora de Párvulos. Ruda pero tierna, cuidando niños toda su vida y teniéndoles toda la paciencia del mundo, esa que ni se notaba en la casa cuando había olor a “fritanga”, como ella decía, o el fuego estaba apagado y la casa helada.
Ella era como la mujer maravilla, mantenía la casa sola mientras mi papá estaba sumido en una depresión terrible por la muerte de mi abuelo y ni pensaba en salir de la cama para buscar pega. Así estuvo años, con un síndrome bipolar hasta que mi mamá ya no aguantó más y lo echó de la casa, justo en ese periodo en que yo estaba enamoradísima de él, como a los cinco años. Por si fuera poco también murió mi otro abuelo, el tata, que vivía en la casa grande al lado de la nuestra. Sin darme cuenta, mi vida se vino abajo y ya no tenía figura paterna ni aquella que la reemplazaba. Un día me puse a llorar viendo un accidente en las noticias y solo atiné a decir que era porque “se murió el tata”, esto fue meses después del hecho. Recuerdo haber visto su ataúd sin problema y andar saltando feliz por el velatorio, al tiempo logré asimilar que había ocurrido. Entonces, mi mamá me llevó al psicólogo y solo me acuerdo que se llamaba Marisol, tenía un cuadro de Charlie Brown y me hacía dibujar mucho. Nunca recuperé esos dibujos.
Menos de un año después mis papás volvieron y vi la reconciliación en vivo, en el patio de mi casa, tal como vi esa pelea final antes de que se separaran tiempo atrás. Siempre me pareció raro, incluso ahora, esas parejas que no se besaban frente a sus hijos, como en las películas gringas. Mis papás no eran así, yo siempre vi todo, lo bueno y malo. La cosa es que mi papá volvió a la casa, pero comenzó a estudiar en Santiago y solo lo veía los fines de semana.
Nuevamente mi mamá llevaba la batuta en mi vida. Me peinaba en la mañana, muy mal por cierto, así que tuve que aprender a hacerme moños yo sola desde chica. Como trabaja de ocho a cinco, rara vez iba a mis actos del colegio. Admiraba a esas mamás que se pasaban la mañana entera armando disfraces, peinando a sus hijas, decorando y más encima llevaban galletas caseras, de esas bien difíciles de hacer. Eso fue lo único que siempre extrañé de la mía, eso de mamá casera que claramente era imposible que pasara. Ella era el hombre de la casa.
A los cinco ya me peinaba, a los diez cocinaba, a los trece me arreglaba la ropa y desde los dieciséis todas las anteriores, además de mantener la casa hasta que ella llegara. Yo le decía que faltaba en la cocina y me ponía a lavar la ropa antes de salir a carretear, incluso muchas veces no lo hice por el cansancio de andar de nana un sábado. Lo peor es que nadie me obligaba, pero tenía que tener el uniforme limpio para el lunes y era más fácil hacerlo yo que lograr que mi mamá lo recordara. El último año de esa rutina, ya iba a explotar. Además de hacer almuerzo, prender la estufa, lavar la loza y dejar limpia la casa, se me sumaban más horas de clase en el colegio, el preuniversitario y el gimnasio. Llegaba de clases a dormir media hora para luego irme a otras cuatro horas más de clases, las que odiaba por cierto. Le pedí a mi mamá que contratara a alguien que ayudara, pero no insistía de solo pensar que alguien desarmaría ese sistema que llevaba años perfeccionando. Podría haberme titulado de nana y con honores, ni que lo hubiera querido en todo caso.



Ahora ya no soy nana de nadie, mi mamá sigue maniática y mi papá enfermo, aunque toda la familia está un poco loca diría yo. Lo de mi papá está tan asumido que hasta bromeamos, cada vez que se enoja decimos “¿te tomaste las pastillas?” y el solo se ríe. A esta altura, es lo único que se puede hacer.

25 de diciembre de 2010

Una vía alternativa

Vengo de una familia de músicos: mi abuelo, mi padre y sus hermanos. Con mi madre se conocieron en un conjunto y, por separado, estuvieron en varios coros. Era inevitable que la música estuviera en mí. Pero, ignorando toda tradición familiar, yo no lo soy. No toco ningún instrumento, ni canto, al menos frente a la gente. Por otra parte, está el lado pedagógico y humanista de la familia de mi madre. Tampoco le hice caso por completo a ese gen. Sin embargo quise o, por cosas del destino, ocurrió que ambas líneas se fusionaron y no me dejaron ir. Elegí la música, pero para expresar todo lo que me provoca a través de la palabra. Muchas veces cuesta decir en voz alta que se siente al escuchar tal o cual tema o disco, sino más bien, las ideas y descripciones van directo de la cabeza a las letras. Y eso es lo que me gusta, lo que espero hacer para ganarme la vida, o al menos concursar por una.

Todo lo que sea publicado en éste, un blog más del lote, simplemente vendrá de alguien que tiene una pasión por el ruido, las armonías, los gritos, los acordes. Por los sonidos.


Eso es todo

19 de noviembre de 2010

Dulzura soviética

 

 Regina Spektor, 13 de octubre, Movistar Arena.

Su voz de niña al hablar desaparece cuando canta y su notoria timidez, lo hace en sus letras. Regina Spektor podría ser la mezcla perfecta entre Bjork y Fiona Apple, por su voz y cómo canta, pero es más. El pasado miércoles demostró al público chileno que suena aún mejor en vivo. Su último disco, el más comercial y vendido, abarcó mayor parte del repertorio de una hora y media. Supo manejar bien al público que, en su mayoría, la conoció por Begin to Hope (2006) y Far (2009). Acompañada de un batería, violín, viola y su piano y un sonido perfecto, sin ecos, poco común en el recinto, demostró que no hace falta nada más para un buen concierto. Sin hablar mucho, sólo con su música, logró dar un verdadero show. “Esperaba ver a quince personas” dijo al llegar, siendo que la esperaba un Arena lleno. Se ganó a Chile y supo hacer lo sencillo, perfecto.

Primer chapuzón

De los miles de blogs que existen, éste es solo otro más. Intentaré no decir tallas fomes. No planeo hacer reflexionar a nadie, solo quiero practicar la redacción y el flujo de ideas. Lo primero que acompañará esta intro, será un intento de carta que terminé enviando. Fue mucho tiempo antes de pensar en estudiar Periodismo. Ah, sí, eso estudio.

Tantee el terreno y disfrute por que la flojera me supera el 99% del tiempo, pero espero que este blog, por ser de todo mi gusto, reciba una visita mía de vez en cuando. Si no es así, solo quiero decir que me cremen cuando muera y que no, no era lesbiana ni judía como algunos pensaban.


Carta enviada a DG medios con todo el resentimiento sureño de una niña de 16 años. Noviembre, 2008.

"Estimado" señor Carlos Geniso:

Primero, espero que sea usted, pesonalmente, quien lea este correo. La razón por la que ocupo mi valioso tiempo en escribirle, tiene relación con el recientemente confirmado concierto de Radiohead en Chile, el cual esta en manos de su productora. Pienso que cada fan de la banda se sintio emocionado, unos más, o menos, que quien le escribe. Lamentablemente, aquella dulce noticia, pasó a ser amarga, al ser publicado el valor de las entradas al evento, el cual, indudablemente, no sera facil de cancelar para muchos de los asistentes, también debido a lo repentino de la noticia. Gracias a Dios (?), que con la ayuda de un cercano, quien también desea atender al recital, logramos conseguir el dinero para el inicio de la venta de entradas. Desafortunadamente, al ser ambas menores de edad, y vivir en la ciudad de Temuco, no contamos con puntos de venta de Punto Ticket, ni con tarjetas de credito para hacer la compra via online. Gracias a esto, solo logramos adquirir tickets la tarde del miercoles 12, por tanto, la preventa ya se había agotado, junto con las entradas que deseabamos obtener: Golden Circle. O eso al menos pensamos, ya que, poco menos de 2 horas después de haber hecho la compra, al revisar el sitio de Punto Ticket, nos enteramos que, nuevamente, estaban disponibles estas entradas. No hace falta decir el gran disgusto que nos llevamos con la noticia. No siendo esto suficiente, hace unas horas, hoy sabado, me entero que, por segunda vez en la semana hay mas entradas disponibles para dicho sector.

Deseo felicitarlos por la gran maniobra de marketing que han ejecutado en conjunto a Punto Ticket, realmente efectiva (y aún más, si se toma en cuenta que la mayoría de los asistentes al evento, han esperado entre 10 y 15 años por este día) ya que al poner a la venta más entradas, lograron venderlas "todas" el mismo día miercoles, además de hacer gastar a los fans 12 mil pesos extras, ya que la preventa estaba agotada, y, lo más probable, es que en esta tarde suceda lo mismo y se acaben todas, nuevamente (por tercera vez).

Espero que, como dije anteriormente, lea esto personalmente, o, en otro caso, quien lo lea este conciente de la gran reputación que, junto a conciertos como han sido Coldplay y U2, su empresa ha ido adquiriendo en nuestro país.

Le saluda atentamente:

Florencia La Mura J.